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martes, 18 de noviembre de 2014

Año 2009. 22 de Enero

        I
Observando algunas caras,
leyendo pensamientos,
resistiendo las palabras,
poniéndome más lejos.
No ver esa cara,
esos ojos tan perplejos,
clavas la mirada,
enredando cada enredo.
Está rota mi alma,
un hueco para el recelo
que rasgando las armas,
te estoy descubriendo;
midiendo las palabras
sin causar ningún efecto,
daños en la nada,
daños leves y muy lentos.


                        II
Si todo te enfada
y tú vas resistiendo,
si haces que es agua
y lo dejas corriendo
¿estarías comprendiendo
esta vida rara?
No morirías creyendo
en historias de hadas;
ya no se vive de cuentos,
realidad lejana,
de la realidad muy lejos.
No sirven de nada,
malditos estos espejos.
Estoy derrumbada
ante temores, mis miedos.
Y si al mirar, a lo lejos,
tú estás resentido,
tú solo serás el error,
nunca tus amigos.
Y por fin me atrevo,
dejo atrás lo ya venido
y me enfrento a esto
sin haberlo yo querido
y veo mi reflejo,
 en lo que me he convertido,
fácil es ser viejo
sin saber lo que has vivido.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Año 2008. 11 de noviembre

Saliste de tu escondite de bullicio y este desapareció a mi vez, aunque la gente seguía ahí, sin dejarme salir y huir de esa pesadilla de 10 minutos que se alargó hasta el momento en que creí haber muerto del dolor que me causaba mirarte y ser inútil al intentar no hacerlo, cuando ambas opciones dolían sin demora alguna. Pero luchaba difícil y forzosamente por respirar. Pero seguía estando ahí y tú allí y por mucho que hubiese querido escapar, seguíamos en el mismo lugar, los dos. Quizás yo lo conseguí, o al menos una parte de mí; mi cabeza quizás por un momento logró salir de aquí. Mi cuerpo luchando por calmar mi aliento y mis ojos llorando de rabia por querer aprenderse tu silueta entera observando, memorizando cada mínimo detalle.

Te giraste haciendo que mi voz se extinguiera por completo y mi cuerpo se estremeciera y mi corazón se parase para sujetarse a cualquier barco náufrago de los que flotaban aún formando un remolino de locuras olvidadas en mi mente. Pero al ver esos ojos tan tranquilos, que quemaban como el fuego y que, a la vez, también me helaban, tirité. No pude evitar que tu sonrisa, tan amable y traicionera como siempre, me enviara al mundo paralelo de mis sueños en el que anhelo cosas imposibles, en el que también imaginé que sonreías para mí. Pero despierto del sueño en el que vivo a través de una repentina campana acabando con este agridulce momento, apelotonándose tanta gente, creando una abismo aún más grande entre tú y yo. Y te veo allí más lejos que antes, pero a la misma distancia, rodeado de paredes de gruesos cristales, irrompibles, inaccesibles muros de transparente cristal imaginario. Con esa mirada que me derrite con su hielo frío y congela mi fuego. Inquietantes y verdes, tus ojos intimidan lo bastante para no querer mantener mi mirada, deseando fijarla de nuevo, calándose hasta el fondo de mi alma y clavándome astillas en mis dulces pensamientos que se van escapando de mi cabeza, huyendo como hacía mi aliento al respirar antes de conocerte, igual, hasta que vuelves a hablarme con tus vaivenes de humor y vuelven a nacer, esperando impacientes, ya que pronto llegaran los pinchazos a los ya convertidos en reservados y precavidos sueños ante el dolor que provocaran estas estacas que acaban con ellos de nuevo.

Así, así eres de amenazante para mí, así de peligroso, así, tanto que muero por dentro al mirarte. Así quiero que estés, así quiero que te quedes. Así, que no pueda mantener una sola esperanza y entonces me pueda doler.


Pero no, ya no volverán esas falsas ilusiones, aprenderé a evadirme de tus palabras y escapar de la muerte en vida de tu sonrisa para evitar encarcelarme tus ojos y volver, aunque sea, a sonreír.

Año 2008. 14 de noviembre

Ya no escribo. Ya sólo ensucio el papel con palabras inadecuadas que insisten ser algo, pretendiendo así, escribir lo que ya no recuerdo, intentando que te gusten, aunque nunca las leerás (penoso pensamiento: escribir cartas a quien no las recibirá), igual que mis sentimientos. Sabes que aquí plasmo mis sentidos. Pero, ¿a quién le importa? ¿A ti? ¿Qué significado le das tú? ¿Qué importancia le das? ¿Y yo? ¿Acaso más que a ti? ¿Quizás menos?
Ya no sé a qué me encarcelo, o si son las mismas las palabras, estas que no escribo, las que se encarcelan y se hacen reja ante mí, ante ti. No sé si me aferro a ti, o en cambio, al escribir, tú me encierras, me aterra el salir y no escribir (te).


Estoy tan acomodada en tu sonrisa que sólo quiero asomarme por tus ventanas verdes y, desde tu azotea, tan oscura, ver el fin de día, acunada en tu voz.