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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Año 2011. 25 de diciembre

        Han pasado meses y aun sigo sin poder explicarme, hablarme de mí misma. ¿Cómo lo hacen aquellos que no pierden a sus musas? o simplemente, los mejores escriben acerca de la angustia de perderla y lloran tinta en un papel cuando la pierden.
Solo creo que no está, que se fue y no volvió, me abandonó y me dejó seca, sin sangre y sin vida que recorran mis manos y nos deleiten en un folio en blanco.

        Se fue y sigue perdido, se fue y me perdí siguiendo unas huellas en la orilla del mar, viene una ola y se van con ella, las pisadas continúan adentrándose... Recordé que deje caer la última lágrima por aquí, creo que se me perdió, creo que me la robaron, e insisto en que la encontraré porque aquí tiene que estar, debe estarlo, entre la espuma, era agridulce, es fácil encontrarla, tengo que hacerlo, devolvedme mi lágrima, era mía, la necesito. Si alguien la encuentra, por favor, tráedmela. Mi alma se alimenta de ellas y ya no me quedan más.


        Sin más. Sigue sin aparecer, ni mi lágrima ni mi "muso" ni nada que acierte en darme vida, en darme sensación de vivir, vuelvo a no querer, vuelvo a simplemente mirar, sin desear, solo esperar ver. No tengo razones para querer morir, pero lamentablemente, tampoco tengo razones para llorar.

Año 2011 Agosto

¿Por qué escribes?

        Escribo para mí, escribo para olvida, para recordar, para no pensar otra vez, para decidir qué hacer, para preguntarme y responder.
        Escribo para días como hoy. Escribo porque así te despido te instalo en mi cabeza tan fácil como la desmonto. Días como hoy, que me inhundo por ideas por pasiones que fluyen por mi mano hasta llegas a la tinta de la pluma y rodaran por el papel como lágrimas por mi mejilla dulcemente amargas.
        Después de ser abandonada por mis sentimientos, me siento redimida, vacía pero no vaciada ni renegada ni desamparada, ni todos esos adjetivos que suelo sentir antes de escribir.



        Viva, me siento con vida y más aún al rellenar este papel en blanco. Escupir mi historia me da vida, me da a libertad que arrebata el mundo dogmático y simplemente escribo porque puedo.

Año 2011. Agosto.

        El asalto ¿final? ha vuelto. Las deudas caladas esperan desesperadas y otro pacto quebrado vuelve a estar abandonado en un eterno pesimismo agónico, no puede evitarlo, los disturbios de moda asolan la tranquilidad rota bajo la sombra a la espera de poder elegir caerse en otra segunda ocasional aparición, en otro mundo imposible.

Año 2011. 18 de agsto

        A veces dudo y me perjuro no volver a hacerlo. Puro egoísmo que nace de tu alma, que me ataca en tus palabras, llevaderas convulsiones de tus pensamientos, atentando contra nuestras esperanzas. Renuevo la razón, renuevo la inspiración de volver a remendar lo ya hecho sin futuro ni aliento fulminante que termine esta locura, que nos enloquece en la poca cordura que pueda quedarnos.

        Sin remedio, escupes tus palabras de aislamiento que parecen revelar la falsedad de todo esto, donde nada fue verdad, donde nada de esto es cierto y miento si digo que lo entiendo.

        Difícil es comprender que pretendes proteger con tanto prejuicio sin juicio que te envuelve en tu burbuja de plástico sin oxígeno, que poco a poco ira ahogando la poca lucidez de las palabras que aun te quedan por decir-me.

        Apuestas por la calma que un día mi alma obtuvo y que perdió, por las oscuras golondrinas que volverán a mi balcón, por tu paz interior que necesitarás en tus noches más largas. Apuestas que mis lágrimas son de felicidad o quizás de una triste y solitaria soledad, ¿quién sabe? Quien sabrá donde se guarda la mentira y la verdad si es un bolsillo o en un cajón del armario perdido del desván.



        Distraído, andas ausente entre mala gente te pierdes y a veces pareces no volver, simplemente. Querer salir de allí corriendo sin nada que perder sin nada que decir ni hacer, parece un imposible para ti.

Año 2011. 27 de mayo

Jodidamente frustrante
        Obliga a serlo también
        Ensilla con tu talante
        Lagunas de pura hiel
        Alborota los sentidos
        No hay esperanzas en pie
        Después se quedan cohibidos
        rarezas que pudieron ser,
        espíritus tan perdidos
        sin saber amanecer.
        Larga es la espera
        ligada está a su deber.
        Orgullo ayuda a su vera
        refugio en el que nacer
        Está absorto en las rarezas.
        Tiritan muy cerca de él
        Volando pasa la vida
        arraigado en soledad.
        Ríe ya que aún vacila,
        gritando a la libertad
        arrullo de la mentira,
        susurro de la verdad.

Año 2011. 27 de mayo

        Subiste al altar en el que yo te alcé, subías por una escalera de cristal que forjaste con sueños, titubeaban inconscientemente, inocentes, confiadas en algo que no conocía ignorando el verdadero suelo en que se apoyaban. Pero no te percataste de su frágil delicadeza. Más ausente a cada escalón, tu corazón solo se sustentó de esos sueños, de esos días que nos deseamos, o nos sonreímos pero no quisiste ver lo que significaba subir hasta el final.

        Llegaste y nos tambaleamos pero tropezaste con mi torpeza, perdiste el equilibrio tan fácilmente, y caíste, ahora temes a las alturas. Yo seguía esperando a que a menos te levantaras. En vez de eso te diste la vuelta sin mirar a esa escalera como si del golpe hubieras perdido la memoria y nada recordaras, ninguno de los escalones subidos, ninguno de los minutos vividos, ni apenas segundos pasaban por tu cabeza.

Año 2011. 25 de mayo

        Todo es efímero. Todo llega y desaparece como un suspiro. Viniste lenta y cuidadosamente a mí, poco a poco te dejaste conocer, poco a poco me conocías, y cada día te acercabas más. Los dos ignorábamos lo que hoy podemos recapitular. Nadie se imaginó el punto en el que estábamos. Desaparecidos.

        Pasaba el tiempo y cada vez era más apetecible tu compañía en alta horas de la noche, se convirtieron en nuestras las madrugadas. Cierto era que mi cuerpo aún pertenecía a otro hombre y mi corazón a otro corazón pero tu fuego me borraba con cada palabra todo sentimiento e indagaba en mi más profundo pensamiento para desbaratar, descuartizar, desmoronar cualquier antiguo recuerdo.

        Con miedo asomas la cabeza como siempre has hecho y observas como serían un futuro tan inesperadamente cercano. La vista hace ver más si se quiere. Teníamos todo lo que en ese momento deberíamos tener, no más. Quizás porque no se nos dio más tiempo para tener algo que nos faltaba.

        Solo al cruzar las miradas supimos qué podríamos llegar a tener. Le robaste lo más preciado a un hombre, su amante, la hiciste tuya, dejó de ser suya mucho antes de saberlo. Solo necesitaste una prueba para saber que tenías vida, saciar tu sed, conmigo pudiste todo. Me deseabas y me hiciste tuya. Ahora mi cuerpo y mi alma solo quieren estar donde esa tarde estuvieron.

        Desde ese día no he olvidado cada segundo, cada minuto. No puedo olvidar nada de lo que pasamos. Decidiste ocultarlo y no tenía más defensa que mi desargumentada negativa. No tenía más explicación de cómo unos días antes estuve en sus brazos y hoy ya no era de nadie. Quise gritar todo lo que debió saber. Pero me lo impediste.

        Días después, me dejaste susurrar cuanto nos amábamos, eso tuvo que bastar si lo relevante fue aquella semana.


        Él no se dejó vencer por tal postura tan niña y cobarde. Me venció a mí, a nosotros. Te perdí por un descuido. Algo tan insignificante tuvo un efecto similar a un tornado. Llegó y con todo arrasó. Ahora solo quedan las astillas de la casa que construíamos.


        Me preguntas cómo pretendo demostraste lo que te extraño si sustituí tus brazos por los suyos.

Año 2011. 23 de mayo

        Anoche estuve contigo, te abracé y me besaste. Me asusté, creí que era una broma pesada de mis imaginativas pasiones. Me volviste a acercar y me agarraste fuertemente.
       Con desconfianza, te mire a los ojos para ver tu resignación. Tragaste orgullo y yo vergüenza y nos besamos.
        De pronto te soltaste de mi cintura a la que dulce y firme te aferraste segundos (o quizás minutos, no estoy segura) antes.
        Huí. Temí la cruda realidad. Rompí el halo de esperanza que me rodeaba con una sola mirada de desperdicio tuya.
        Huí de ti, de esa mirada y de cualquier abrazo, esos que antes eran una vida, ahora son cuchilladas.
        Cada roce dolía. Huí y corrí. Me escondí inútilmente de ese sueño. A la vuelta de todas las esquinas estás tú, cada paso que doy es un avance hacía el muro contra el que me doy. Dijiste hasta nunca, y eso es mucho tiempo.

Año 2011. 27 de febrero

        Tiempo. Esa es la palabra más temida. Cuando ves que te come, que no te deja ver más allá del minuto que esté pasando, cuando no te deja planear porque no tienes días donde colocar tus planes.
        Eso es lo que sentí yo en aquel instante, vi cómo el tiempo se lo llevaba, cada vez más lejos de mí. Corría pero no podía alcanzarle, algo sujetaba mis pies, algo los pegaba al suelo, mi cuerpo estaba inmovilizado como una estatua petrificada pero mis ojos seguían sus pasos, y aunque quisiera, tampoco podía llamarle, mi voz se la llevaba el aire en un suspiro suyo. Me empequeñecía con cada mirada, esa mirada que envuelve en la oscuridad de sus pupilas. No podía creer que todo en una noche se acababa. Me mirabas, feliz, o al menos con tu sonrisa, tímida; y con tus ojos, que hablan más que callan cosas que tus labios encubren con soplos. Cada vez más lejos y yo cada vez deseándote más cerca. Veía como a cada paso tuyo, la capa que antes no existía, se hacía más gruesa y opaca, hacía que dejara de verte y, a tu favor, dejar verme tú.


        Cuando volví a recordar, me encontraba en un lugar oculto de todos, su olor estaba rodeándome. Sus manos calientes protegieron las mías, frías como siempre, durante unas escasas horas; mientras, miradas furtivas se le escapaban  por el rabillo de sus ojos intensamente nocturnos para observar, exactamente, no sé qué. Mi sonrisa se escondía en mi interior, sabíamos que una sonrisa no solo significaría una sonrisa humilde. Sabemos tantas cosas sin decirlo que se nos acaban las palabras y hablamos banalidades, queriendo evadir conversaciones que algún día tuvimos que tener y no tendremos.

        Felicidad. Es la palabra más necesitada. Y en ese momento la teníamos, era esencial tenerla entre nosotros. Quizás no era el hecho de estar juntos. Sentíamos la necesidad de ser felices en ese instante. Una felicidad que solo se nos dio al compartir nuestros secretos más ocultos a alguien y confiar en que seguirían siendo secretos.

        De repente, llegó la hora y huyes, huyes como si escaparas de una verdad que saldría a la luz de haberte quedado, pero que sin embargo está mejor enterrada. Te vas tan corriendo que apenas escucho un “adiós. Me veo impotente sin poder saber qué piensas realmente, te conozco, por eso sé qué siempre esconderás algo, siempre guardarás lo más íntimo en tu profundo ser, sin dejarme nada de eso a mí. Me quedo inquieta, quieta, viendo cómo te escabulles entre sol y sombra, sol que me deslumbra y la sombra que te cobija, es tu única defensa.

        Asomas la cabeza y cuando notas que alguien te ha visto vuelves a esconderte, a refugiarte en esa máscara que dices que he roto. Pero no. Todo en un segundo se esfuma, horas de conversaciones imprudentes, relevantes, profundas, íntimas, entretenidas... haces que desaparezcan, o peor, las transformas en una fantasía, en un sueño sin ninguna base.

        Te he ofrecido la oportunidad de ser libre, de escapar, andar hasta donde tus pies aguanten, he intentado llevarte en una dirección, a mi lado, pero te has equivocado conmigo y ahora te equivocas de camino, te escurrirás entre maleza, andarás por arenas movedizas y no estaré para ayudarte.


La felicidad que me aportabas, la destrozas al dudar, al necesitar tus límites.

Año 2011. 12 de enero

Y resurjo de las cenizas que terminaron ahogando las penas; y así el alma renueva su vida volviendo a ser quien creía ser en tiempos de divina falsedad, donde algunos creyeron ser quienes son y otro prefirieron fingir que no lo sabían.